Lagravera se ha consolidado, este 2018, como una bodega innovadora y valiente a la hora de iniciar proyectos, inicialmente, «poco comerciales» pero que a medio y largo plazo dan credibilidad y, incluso, son un referente.

La bodega de Alfarràs de Jaume Arnó -dirigida por Sergi García, y con Pilar Salillas y Miquel Garcia, como enóloga y director agrícola, respectivamente- ha evolucionado de la agricultura respetuosa con el medio ambiente, hacia la producción ecológica hasta ser referencia de los vinos biodinámicos en Lleida y Cataluña. Un posicionamiento que la ha hecho merecedora del distintivo Mejor Proyecto Ecológico 2018 que otorgaron los premios Vinari este otoño y, posteriormente, del galardón Vino de Patrimonio de la Guía de los Vinos de Cataluña.

 

Lagravera nace, en 2005, como proyecto de una antigua explotación de la empresa de áridos Arnó en el término de Algerri, delante de Alfarrás que, una vez finalizado su uso y por normativa europea, debía recuperarse como espacio agrícola o natural. Jaume Arnó podría haber decidido aportar tierra fértil y sembrar maíz u otro cultivo, pero la idea de plantar viña y hacer una bodega moderna y de calidad le sedujo. Así, desde su inicio, el valor de respeto por el medio ambiente y la naturaleza estuvo ligado al proyecto. Sergi García llega a la dirección de Lagravera, en 2010, con trece hectáreas de viña plantada y la primera vendimia de la bodega (2009), ya vinificada.

«Busqué orientar Lagravera maximizando los aspectos buenos que ya teníamos de salida y, a la vez, reorientando las variedades de las bodegas hacia uvas más autóctonas. Desde el punto de vista de la viticultura, la agricultura ecológica era una primera etapa, hasta llegar a la actual certificación biodinámica. Así fue como nos deshicimos de la uva Merlot o Chenin para injertar Garnacha Blanca y Garnacha Negra, hasta el 75% de la finca. Ahora podemos decir que nuestros vinos son muy «garnatxeros». Los Molta Honra son 100% Garnacha; mientras que los Ónra, tienen un 75% de esta variedad «, detalla García.

«La mayor parte de los vinos que más emocionan, pienso en Alemania o Francia, son biodinámicos. La biodinámica, como decía Nicolas Joly, es la mejor manera de conectar las personas con el cielo y la tierra «, explica Sergi. «Con la biodinámica -dice- hemos ahorrado en química para destinar más recursos a personas que cuidan de la viña y el entorno de manera preventiva, asegurando la salud del ecosistema».