La bodega mallorquina del siglo XVIII se reorganiza para crecer sin renunciar a la viña propia ecológica y la vendimia manual

Bodega Ribas, en Consejo (Mallorca) ha ampliado la bodega con la intención de llegar a una producción de unas 200.000 botellas, «que entendemos puede ser lo máximo que podemos elaborar sin renunciar a los principios de trabajar exclusivamente, con viñedo propio de producción ecológica, y vendimia manual. Unos rasgos que nos identifican y los que no velamos renunciar «, explican los responsables de la bodega.

La bodega mallorquína, inauguró este viernes, día 2 de agosto, la ampliación realizada por el prestigioso arquitecto Rafael Moneo y su equipo, en una celebración privada para 400 invitados relacionados principalmente con el sector del vino y la gastronomía. La nueva construcción se integra y destaca el entorno histórico del siglo XVIII, y se podrá visitar por el público sólo con cita previa a partir del lunes 5 de agosto.

El encuentro inaugural reunió sumilleres, bodegueros, arquitectos y críticos gastronómicos entre otros invitados a una fiesta que estuvo precedida por una cena informal elaborado y servido por el chef Andreu Genestra y su equipo.

La ambientación musical estuvo protagonizada por Biel Ballester Trío, conocido grupo de Gipsy Jazz que Woody Allen hizo popular al incluirse dos de sus temas al repartori de una de sus formaciones,

La ampliación y reorganización de la bodega, se ha proyectado con la intención de poder aumentar la producción hasta las 200.000 botellas, reorganizar y modernizar las instalaciones existentes y adaptarlas a la creciente acogida de visitantes.

El edificio, de más de 800 m2, está distribuido en tres plantas, dos de ellas subterráneas.

En superficie la construcción es una nave diáfana con una cubierta a dos aguas, parte de la cual está destinada a la elaboración del vino blanco y rosado y el resto al almacén de botellas y la embotelladora. En el extremo norte de la nave, dando a la Era, se localiza el acceso y la nueva recepción de visitas.

Una planta por debajo encontramos la sala de catas, un espacio recogido y bañado por luz natural que cae sobre un vistoso mosaico inspirado en los colores del vino. Un vidrio de pared a pared en la sala de catas descubre un espacio dispuesto más bajo y reservado para la crianza del vino y escogidos visitantes.

La sala de barricas se dispone así completamente enterrada, para aprovechar las mejores condiciones térmicas y de humedad para la crianza del vino. Está construida enteramente en hormigón armado y sorprende por la plasticidad de la solución estructural adoptada.

Mientras que en el exterior, el edificio mantiene una apariencia y carácter similar a los edificios existentes, todos ellos en mampostería, por lo que se han recuperado técnicas tradicionales en su construcción, su interior sorprende por una arquitectura realizada en hormigón blanco visto, que combinada con revestimientos de madera o de baldosas de azulejos artesanales y pavimentos en piedra de Binissalem, le confieren un carácter contemporáneo en sus espacios interiores.

Los antiguos edificios del siglo XVIII seguirán en funcionamiento, pero a partir de ahora únicamente se elaborará en ellos vino tinto. Del mismo modo, la antigua sala de barricas mantendrá su uso, pero sólo para algunos vinos, como testimonio de la actividad de una bodega histórica.

Los árboles se han preservado durante la construcción, dando nueva vida al entorno con la creación de zonas ajardinadas.

La disposición de los edificios de la bodega, antiguos y nuevos, que junto con los árboles preservados pivotan alrededor de la antigua era, dan lugar a un espacio a modo de patio alrededor del cual se articulará la actividad del edificio, creando además una amplia zona de paseo para el visitante.